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Fuera Ruido, Oído saludable
*José Armando Aguilar

Es uno de los principales agresores de nuestra salud, se encuentra en el entorno y, de tan familiar  que es, pocos lo toman en serio. El ruido, que afecta casi a todos, es considerado un problema de salud pública en algunos países europeos, aunque en México todavía no escuchamos bien cuál es  la preocupación.

El sonido es una sensación. Para entenderlo basta arrojar una piedra al agua: así como en torno al sitio donde cayó la piedra se dibujan ondas concéntricas que se desplazan desde el origen hasta la orilla y desaparecen, las ondas sonoras viajan hacia el oído a través del aire, el agua y los sólidos. Eso es el sonido, una vibración del medio.

El arribo de estas ondas al oído puede ser sutil, agradable, perturbador o estruendoso. La  intensidad de las ondas sonoras se mide en decibeles, y cuando éstos se disparan el sonido se convierte en ruido. El límite de ruido aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 65 decibeles.

He aquí el asunto: cientos de millones de personas en el mundo, sin preocuparse demasiado por ello, sufren un nivel de ruido superior al recomendado, lo que disminuye su calidad de vida. La consecuencia: se calcula que para el 2015 habrá 700 millones de discapacitados auditivos en todo el mundo.

México sordo

A diferencia de otros contaminantes, el ruido ambiental no es considerado una prioridad debido a que sus efectos sobre los seres humanos son poco conocidos por la población. Y esto se debe a una simple razón: el del oído es un daño que no se ve.

De hecho, muchos lo consideran un problema inexistente, que se inventaron los países  desarrollados.

Sin embargo, lejos de ser la coartada de algunas organizaciones civiles, o un problema de moda, en estas naciones la pérdida auditiva causada por el ruido es un tema importante para los sistemas de salud, ya que se trata de una de las principales causas de discapacidad. Por ejemplo, en Suecia el 60% de todos los discapacitados auditivos se encuentran en edad laboral.

Más cifras: el 16% de lo europeos adultos sufren una pérdida de audición lo suficientemente seria para provocarles consecuencias negativas en su vida, esto es, para relacionarse con los demás o para mantenerse en el empleo. La pérdida de audición sin tratar cuesta a Europa 213 mil millones de euros al año en productividad.

En México, como en muchas otras áreas, no existen datos al respecto. Los estudios sobre el ruido y sus consecuencias en la salud y la economía se realizan sobre todo en Norteamérica y en Europa occidental. De acuerdo con la OMS, la deficiencia auditiva es el riesgo ocupacional irreversible más frecuente, y una de las razones por las que la OMS lamenta que en África, Asia y, especialmente Latinoamérica y Europa del Este se realicen pocos estudios al respecto.

Pérdida irreparable

Aunque el daño en la audición también se puede deber a ciertas enfermedades, productos químicos, accidentes, factores hereditarios y claro está, al proceso de envejecimiento, la exposición al ruido excesivo es la principal causa evitable de pérdida auditiva en el mundo.
De acuerdo con especialistas en otorrinolaringología, los efectos nocivos del ruido se presentan a partir de lo 85 decibeles, el nivel máximo que puede tolerar el oído humano, sin ser dañado. Por ejemplo, un ruido constante de 85 decibeles durante una jornada laboral sin duda provocará daños irreversibles en la audición.

“El problema es que lo que se daña es tejido nervioso y cuando éste se acaba, ya no hay vuelta de hoja; si se destruye ya no hay manera de recuperarlo, la pérdida auditiva es definitiva”, comenta el doctor Andrés Sánchez, vocero de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Fesormex).

Así, cada vez que exponemos nuestros oídos a sonidos muy intensos, superiores a 85 decibeles, se destruyen las células ciliares (que son algo así como los sensores del oído), proceso que conduce gradual, lenta e irremediablemente a la pérdida de audición porque no hay tratamiento para esto.

Por fortuna para nosotros, el oído tiene un mecanismo de autoprotección natural contra los ruidos intensos, pero ante eventos auditivos repentinos no tiene tiempo de reaccionar: “No podemos decir que si usted está expuesto a un ruido extremo, después de un año se le acabará la audición. Es muy variable porque depende de las características de cada persona, de la intensidad de cada sonido, así como del tipo de sonidos. Lo que sí es seguro es que el daño es crónico, se va dando poco a poco, se va sumando y después de un tiempo es posible que una persona ya no escuche
nada”, advierte el doctor Sánchez y, por citar un ejemplo, señala que un joven que gusta de escuchar música con audífonos a un volumen excesivo, notaría una pérdida de su capacidad auditiva en un periodo de tres a cinco años.

Qué tanto es el ruido

Y a todo esto, ¿qué significa que un sonido alcance 85 decibeles, lo máximo que soporta el oído humano sin sufrir daño? La respuesta la puede escuchar en el sonido de la subjetividad. Aunque existen parámetros generales de cuántos decibeles miden determinados ruidos, la percepción personal puede no estar de acuerdo. Entonces, ¿cómo es que alguien en su vida cotidiana puede saber que un determinado ruido es demasiado alto? El doctor Andrés Sánchez responde: “Es muy subjetivo porque no tiene un aparato para medir los decibles, más bien se trata de la sensibilidad al sonido de cada persona. Quizá es muy subjetivo, pero quien va a determinar cuán fuerte
es o no un ruido, es cada persona”.Por ejemplo, a su vecino puede parecerle de lo más normal escuchar la radio a un volumen muy alto, pero en cambio usted puede no soportarlo.

Sin embargo, las mediciones establecidas sí son una referencia para quien desea cuidar y conservar su capacidad auditiva. Un ejemplo más: según los especialistas, los famosos iPods pueden ser extremadamente peligrosos para el oído, ya que con frecuencia son usados, sobre todo por los jóvenes, por varias horas al día con niveles que alcanzan los 139 decibeles
(más que el ruido que hace un avión al despegar). El aviso está ahí, de nosotros depende hacer conciencia y bajarle al volumen, sin necesidad de un aparato que mida los decibeles, hasta que el nivel del sonido sea seguro para el oído.

En las siguientes tablas encontrará una referencia de los decibeles que alcanzan algunos objetos o situaciones, y la sensación que experimentaría al escucharlos.

  • Canto de un ave: 15 decibeles
  • Grito 60 decibeles
  • Licuadora o batidora: 65 decibeles
  • Ladrido: 70 decibeles
  • Restaurante: 80 a 95 decibeles
  • Un gimnasio: 85 decibeles
  • Discoteca: 100 decibeles
  • Cohetes. 110 decibeles
  • Auto fórmula 1: 120 decibeles
  • Avión al despegar: 130 decibeles
  • Podadora. 130 decibeles
  • Arma de fuego: 130 decibeles

Ahora, se preguntará usted, si estoy trabajando frente a mi computadora, ¿debo sumar los decibeles que producen las conversaciones de mis compañeros de trabajo, el del ruido del ventilador y el de la música que escucho para saber qué tan alto es el ruido?


La respuesta es no. La mayoría de los sonidos ambientales pueden describirse mediante una medida que considera la frecuencia de los sonidos, los niveles generales de presión sonora y la variación de esos niveles en el tiempo. Por esto, los niveles de presión sonora no se pueden sumar, se miden en conjunto.

Los síntomas graduales son difíciles de reconocer, y de aceptar: ¿Usted presenta alguno de estos problemas?

  • ¿Cree que las personas hablan entre dientes?
  • ¿Le dicen con frecuencia que ve la televisión con el volumen muy alto?
  •  ¿Se le dificulta oír cuando no le hablan de frente o le hablan desde otra habitación?
  • ¿Pide con frecuencia a las personas que repitan lo dicho?
  • ¿No escucha el tic-tac del reloj?
  •  ¿Tiene que concentrarse mucho para oír a alguien hablar?

Oír o no oír

Se ha comprobado que el ruido por encima de 80 decibeles reduce la actitud cooperativa de las personas, y que los ruidos fuertes aumentan el comportamiento agresivo en individuos predispuestos a la agresividad; sin embargo, esos no son los principales problemas que ocasiona el ruido en la vida cotidiana:

  • Menos concentración y rendimiento. Con un ruido mayor a 65 decibeles es muy difícil realizar una tarea complicada.
  • Trastornos del sueño. El ruido ambiental superior a los 30 decibeles dificulta conciliar el sueño y produce horas de descanso de menor calidad, con los efectos secundarios al día siguiente: malestar, estrés, fatiga y menor rendimiento.
  • Cardiopatías. De acuerdo con la OMS, después de una exposición prolongada a altos niveles de ruido, los individuos susceptibles pueden desarrollar hipertensión y cardiopatías.
  • Salud mental. El ruido ambiental no es causa directa de enfermedades mentales, pero se cree que puede acelerar o agravar el desarrollo de trastornos mentales latentes, como pánico, fobia social, trastorno compulsivo obsesivo y/o de personalidad y ansiedad.

Juguetes peligrosos

Los niños, sobre todo los que aún no han completado la adquisición del lenguaje y la lectura, son un caso especial. La pérdida de audición en etapas tempranas de la infancia puede ser catastrófica para la vida como adulto.

En las escuelas alrededor de los aeropuertos, los niños expuestos crónicamente al ruido de los aviones tienen problemas en la adquisición y comprensión de la lectura, y para completar rompecabezas difíciles.

Y hay malas noticias. De acuerdo con la Federación Mexicana de Otorrinolaringología, en los últimos años ha habido un incremento espectacular en el número de niños y jóvenes con alteraciones en la audición.

Entre los culpables se encuentran los videojuegos, que pueden alcanzar hasta 135 decibeles, los reproductores portátiles de música (110-139 decibeles), las películas de acción (90 decibeles), las salas recreativas (110 decibeles) y algunos juguetes, sobre todo los que se venden en el comercio informal, que alcanzan ruidos de hasta 120 decibeles.


Lo anterior no significa que la diversión esté prohibida para los pequeños, más bien debemos enseñarles la importancia de conservar su capacidad auditiva e inculcarles hábitos de escucha saludables.


Otros problemas que puede ocasionar el ruido excesivo a la salud son dolor de cabeza, vértigo, problemas de alimentación y, por supuesto, pérdida total de la audición. Además, se ha demostrado que el ruido perjudica el rendimiento de los procesos cognitivos, como la lectura, la atención, la memorización y la solución de problemas.

Por otro lado, las personas que ya sufren disminución en su capacidad auditiva se enfrentan a problemas aún más complejos:

  • Consecuencias sociales. Se dificulta considerablemente la participación en actividades sociales, lo que provoca aislamiento, distracción, problemas laborales, conflictos de comunicación con la pareja, entre muchas otras complicaciones.
  • Consecuencias psicológicas. La pérdida de audición puede tener como resultado efectos psicológicos negativos, como vergüenza, culpabilidad, ira, depresión, inseguridad, ansiedad y frustración.

Cuidarse con sentido


Existen varias formas de evitar las complicaciones del ruido excesivo. La más básica e importante es cuidar la higiene de ese órgano delicado pero extraordinario que es el oído: no introduzca los dedos o la toalla a los oídos y nunca, pero nunca, utilice cotonetes porque forman tapones de cerumen que dañan el tímpano.

La cera de los oídos sirve para lubricar la piel del conducto auditivo y para transportar el polvo, la suciedad, las células muertas y cualquier otro tipo de materia fuera de los oídos; así que sólo limpie la que esté a la vista y no introduzca objetos extraños en los oídos.
Finalmente, éstas son algunas recomendaciones generales para que el ruido no le haga escándalo:

  • Baje el volumen de la televisión, el estéreo o el reproductor MP3. Recuerde que usted es quien determina hasta qué nivel el sonido es suficiente e inocuo.
  • Al escuchar un aparato de sonido, prefiera los tonos graves.
  • En los conciertos y fiestas no se pare cerca de los altavoces.
  • Utilice tapones para los oídos cuando trabaje con herramientas ruidosas: taladros, podadoras, sierras, etcétera.
  • Acudir al otorrinolaringólogo una vez al año para que él evalúe su capacidad auditiva. A reserva de consultar al médico, usted puede practicarse un examen de audición en el siguiente link: www.spanish.hear-it.org/page.dsp?forside=yes&area=1088
  • No use el claxon, sólo en caso de peligro inminente o por precaución.
  • Es cierto, no puede controlar los ruidos externos, pero al regresar a casa usted es quien decide qué sonidos y a qué nivel quiere escucharlos.
  • Pero, sobre todo, respete el derecho de los demás a disfrutar de la tranquilidad del silencio.

Fuentes Doctor Andrés Sánchez, vocero de la Federación Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Fesormex) • Documento Guías para el ruido urbano, Organización Mundial de la Salud • www.hear-it.orgwww.consumer.es

 

Revista del Consumidor, enero 2008

http://www.profeco.gob.mx/revista/publicaciones/adelantos_08/66-71%20audicionOKMM.pdf

 

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